Por: Henry Morales Márquez

Dicen que tanto va el cántaro a la fuente que al final esta termina por romperse. Esa frase resume la historia de la selección cubana de voleibol a lo largo de la década de los 90. Tantos años los Leones se quedaron tan cerca de acariciar la gloria, pero siempre aparecía esa bestia negra llamada Italia. Como si de un maleficio milenario pareciera tratarse, los transalpinos tenían esa virtud de dejarnos siempre con un sabor amargo en la boca al no poder tocar la cúspide del torneo de naciones, pero aquel año todo cambió.


La novena edición de la Liga Mundial arrancaba el 15 de mayo de1998 sería el capítulo donde por fin Cuba bebería de las mieles del triunfo. Los criollos se encontraban enclavados en el grupo A junto a la siempre difícil Bulgaria, la ilusionante España y la presumible selección más débil Corea del Sur. Precisamente ante los asiáticos debutarían los cubanos en sus previos de la Ciudad Deportiva. En ese mítico templo del deporte cubano donde la afición se daba cita en horas de la noche para sentir la adrenalina que provocaba ver a los gigantes color chocolate desbordar talento sobre el taraflex.


Para este evento los cubanos presentaban una selección que mezclaba talento, juventud experiencia y atletas que pasaban por su forma óptima. Los discípulos del entrenador Juán Díaz estaban encabezados por el capitán Ihosvany Hernández, acompañado de los estelares Osvaldo Hernández, Alain Roca, Ramón Gato, Pavel Pimienta y el magistral pasador Raúl Diago. La escuadra se completaba con los nombres de Ángel Denis, Yusenky Garcias, Nicolás Vives, Rodolfo Sánchez, Iván Benito y Alexis Argilágos.

Equipo Cubano de 1998. Foto:Granma


Luego de una fase de grupos con un nivel inconsistente el elenco antillano culminaba en el segundo puesto del Pool A superado por Bulgaria. Al culminar en la desfavorable posición, los criollos tenían que hacer sus maletas y embarcarse con rumbo a la ronda de Play-Off con cita en Belgrado. En la ciudad del este europeo compartirían espacio de llave con Yugoslavia y los ya previamente conocidos búlgaros.


A pesar de parecer que les había tocada bailar con la más fea, el elenco cubano sacó adelante su casta de ganadores que los caracterizaba. En primera instancia le dio un repaso a Bulgaria derrotándolos en 3 parciales con tanteadores de (15-3; 15-2; 15-9). La muralla color chocolate formada por Ihosvany y Osvaldo Hernández además de Pavel Pimienta, fueron un total dolor de cabeza para Jeliazkov y compañía. El técnico búlgaro no encontró nunca la variante para que los suyos descifraran a la armada caribeña y tuvo que retirarse con la derrota a cuestas de ese partido.


En el segundo duelo, net por medio se encontrarían con los anfitriones yugoslavos que venían con varios puntos a favor. Además de gozar con la ventaja de la localía, llegaban inspirados al haber derrotado a Bulgaria en su debut. El duelo fue un total rompecorazones decidido en 5 parciales (15-6; 12-15; 15-5; 7-15; 15-12). A pesar de la irregularidad mostrada por los nuestros, un formidable accionar de Ramón Gato fue la inspiración para impulsar la nave cubana a la victoria y sus escuderos en la cansina batalla fueron el dúo de los Hernández (Osvaldo y Ihosvany). La clave de sacar estirpe guerrera en los momentos cumbres del duelo fue decisivo para solventar la fase de Play-Off y poner la mira en la instancia final, Italia era el destino que aguardaba.

Declaraciones de Ihosvany Hernández a Granma en 1998 Foto: Granma.


Otra vez Cuba buscaría la corona de un torneo el cuál se le hacía esquivo desde los inicios del mismo. La sede del evento era Assago, cerca de la cosmopolitana ciudad de Milán. Allí se encontraba reunida la élite del deporte de la malla alta. Rusia, Holanda y el anfitrión Italia eran los obstáculos que se situaban en el camino al título de los cubanos. La ronda final en esta ocasión se disputaría con un nuevo sistema, el round-robin. Un formato que enfrentaría a los equipos en una ronda de todos contra todos y el que alcanzara el mayor puntaje saldría vencedor de la justa.


Los cuatro grandes estaban reunidos, pero algo se notaba diferente. Si bien las escuadras cubanas eran siempre elogiadas por su forma física, esta vez parecía que estaban más a tonos que nunca. Conjugados con un nivel de juego que había venido creciendo con el transcurso del Torneo, los Leones se sentían diferentes y era hora de plasmarlo en el Taraflex.


La travesía final comenzaba el 17 de julio frente a la escuadra rusa. Los alumnos de Juan Díaz machacaban en tres sets y se agenciaban su primer triunfo con parciales de (17-15; 15-13; 15-4). Otra vez la maquinaria antillana funcionaba con una perfecta sincronización típica de un reloj suizo y el primer paso de aquella carrera estaba ya dado.


Al día siguiente el aforo de Assago estaba repleto, según crónicas de la época el ruido ensordecedor de la gradería italiana erizaba la piel con tan solo oír los vítores. El rival de Cuba ese día era su bestia negra, Italia. No sé si ese día la selección caribeña se levantó diferente la mána del día 18, quizás la sed de venganza ante tantas derrotas sufridas a manos de los del sur de Europa enardecieron el orgullo y la pasión dentro de los Leones, pero lo cierto es que ese día dentro del Forum di Assago otro gallo cantaría.

Declaraciones de Osvaldo Hernández luego de alzarse con dos distinciones individuales Foto: Granma


Los cubanos le entraron por los ojos desde el primer set a los dueños de casa. Un irrespeto total cometido por los nuestros, porque en buen cubano: se pusieron a bailar en casa del trompo. Aquel hecho fue inaudito, los transalpinos caían derrotados a manos del equipo que siempre mayoreaban, Cuba. La hazaña se materializó en tres parciales (15-7; 15-11; 15-7). Los presentes en la sala no daban crédito a lo que allí estaba pasando, los cubanos habían despojado de toda esperanza a los italianos de asegurar otro título de Liga y se perfilaban ahora ellos como los máximos favoritos. La cara de Giani y compañía era un poema. Ahora el último escollo en el camino para lograr la corona era Holanda.


Los discípulos de Juan Díaz enfilaron sus cañones y salieron a por todas. La tónica del partido por un momento fue la misma de siempre, exceptuando ese tercer set donde caían derrotados y el DT cubano tuvo que tirar de las orejas a los muchachos para que se dieran cuenta de que todo no estaba hecho. En ese último parcial salió a flote la alegría, cada remate dibujaba una sonrisa, con cada pase mágico de Diago hacía soñar a muchos con la victoria y así fue. La victoria de selló con tanteador es de (16-14; 16-14; 8-15; 15-3)

Postal de la celebración en el partido contra Holanda.


La gloria le abrió las puertas al voleibol cubano luego de tantos años que pasó tocándolas. Una generación de atletas veía coronados sus esfuerzos, vicisitudes y arduos días de esfuerzo para lograr esto. Solo un atleta sabe lo que se siente beber de la miel del éxito y cada lágrima derramada por la mejilla significa cada día de entrenamiento donde se dejaban la vida por llegar a consagrarse como lo que fueron aquel día, Campeones.

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Por Henry Morales

Periodista Deportivo Creador del Blog Deportivo "El Palco" . Colaborador de Play-Off Magazine y Cancha Latina. He participado como jurado en la votación del MVP Latino de la Liga Endesa en 3 ocasiones.

Un comentario en «El AÑO QUE EL VOLEIBOL MASCULINO CUBANO TOCÓ LA GLORIA»

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